Terror anímico y precariedad totalitaria. Pensar el goce como engranaje de la violencia

Manuel Fontenla
Filósofo
Investigador CONICET
Docente Universidad Nacional de Catamarca

Para pensar la violencia en la argentina de hoy, específicamente la que se cuece en sus
barrios marginales, el texto La gorra coronada¹ producido por el colectivo Juguetes
Perdidos es, a mi juicio, un aporte fundamental. Allí se plantean dos conceptos
estructurales, que dan cuerpo a una matriz en la cual podríamos inscribir muchas de las
violencias cotidianas que definen buena parte de nuestra realidad. Esos conceptos son
los de terror anímico y precariedad totalitaria. Ambos se dan como dinámicas
relacionadas. ¿Qué es el terror anímico? “Un terror exclusivo de la precariedad.” ¿Qué
es la precariedad? “Es un fondo de terror que te recuerda que te podes fragilizar, que se
puede desarmar tu mundo, que se puede pudrir tu barrio, tu casa, que es un quilombo el
laburo y la ciudad, y cuando esa precariedad es el suelo de todo lo que se arma para
vivir (relaciones, redes, amores, trabajos, consumo), cuando toma y actúa sobre la
totalidad de la vida” (Juguetes Perdidos, 2017, pp. 18–19) . Esa precariedad se vuelve
totalitaria.
En los barrios marginales, la vida entera pasa a ser definida por ese terror fundante, ese
terror que nos recuerda que vivimos constantemente sobre la precariedad, sobre un piso
siempre apunto de desfondarse a la pobreza extrema, el consumo desmesurado, el
suicidio, el hambre, y todo lo que se puede resumir en la única lógica habilitada por el
capitalismo actual para los marginales: resistir la vida hoy, intentar no morir mañana.
Ahora bien, esta precariedad y este terror anímico marcan una ruptura con la pobreza tal
cual la conocíamos hasta finales del siglo XX. Ahí es donde quiero poner la lupa. El
terror anímico es “un terror que no tiene agentes nítidos ni agentes concretos”; es un
terror que tiene mucho de temor a la inconsistencia, a des-existir, y es un terror en el
que la violencia aparece redefinida por las formas de subjetivar del neoliberalismo: “es
desde este suelo, como fondo de época, que cualquier roce puede generar quilombo; y
esto si es un axioma casi inevitable: cualquier cosa puede desarmar el frágil equilibrio
cotidiano. Quilombos que son violencia latente circulando y que enfrentarlos te vuelve
cuidador y propietario de tu vida: pura individualidad paranoica y solitaria”. (Ídem, p.
19)
Si ponemos en relación estas ideas, junto a la más básica definición del Goce otorgada
por Lacan como “satisfacción de la pulsión”, “hundido en un campo central de
inaccesibilidad, de oscuridad, de opacidad”, podemos armar una serie de interrogantes
compartidos sobre la violencia: ¿podríamos pensar el goce como satisfacción de esta
pulsión “paranoica y solitaria” de supervivencia?; ¿podemos pensar el terror anímico
como una violencia especifica en relación al goce?; ¿cómo se relaciona la categoría de
goce con las pulsiones que ponen en juego las formas de subjetivación neoliberal?
Sin intenciones de dar respuesta a estas preguntas, pero sí con la de abrir un espacio de
reflexión, me vuelvo a Un esfuerzo de poesía, como puntapié de inicio. Dice Adilson
Sebastião Silva² , al respecto del texto de Miller, la poesía es una poiesis, es creación, un
saber hacer, la posibilidad de nuevos modos de vida; es decir, recupera el sentido griego
de poiesis de la misma manera que recupera Castoriadis el de autopoiesis del sujeto.
Retomando ese sentido, interpreta el psicoanalista brasilero, “si una sesión de análisis
es un esfuerzo de poesía (en tanto poiesis)… Atravesar un análisis es liberar al sujeto
de la ignorancia de su goce. Es colocarlo frente a su goce” (Adilson, 2014) Siguiendo
esta lectura, me pregunto entonces, ¿podemos pensar que el análisis, al enfrentar al
sujeto con su goce, al liberarlo de su ignorancia, puede servir para combatir el terror
anímico?; ¿puede el análisis en tanto esfuerzo de poesía, en tanto liberación del sujeto
de su ignorancia, sacar del fondo oscuro y opaco la matriz de paranoia y soledad que
habita en las subjetividades contemporáneas, en las formas de vida que habitan los
barrios donde la precariedad totalitaria rige las pulsiones?
En una línea similar, refiriéndose a los cursos de Lacan sobre el goce, señala Jorge
Aleman³ : “…el afán de “deconstruir” al sujeto cartesiano, ha impulsado a distintos
filósofos a intentar “recuperar” la cuestión de la subjetividad a través de problemáticas
narrativas o gramaticales, o a través de la constitución de las “identidades sociales.”
Pero precisamente todas estas operaciones se sostienen únicamente en el campo del
sentido. Por el contrario, el rasgo que siempre se presenta en el Curso de Lacan sobre el
goce es “…nunca tratar el fenómeno que se nos da en la experiencia, exclusivamente en
el campo del sentido.” (Miller, 1999)
Con este breve recorrido, propongo abrir una pregunta entorno a la posibilidad de
utilizar el goce como herramienta analítica que nos permita ir más allá del sentido, más
allá de la ignorancia del sujeto sobre sí mismo, para desentrañar cómo operan las formas
de subjetivación neoliberal en las ideas de terror anímico y precariedad totalitaria.
Porque la investigación de Juguetes Perdido puede pensarse también como una forma
compleja y muy específica de rastrear cómo se da una suerte de “alienación” hoy, cómo
es que los sujetos se alienan en las prácticas individuales de la supervivencia en la
precariedad totalitaria, cómo esa práctica refuerza una subjetividad individual,
desconfiada, arrinconada, temerosa y violenta. Podríamos pensar que el terror anímico
y la precariedad totalitaria vienen a satisfacer una pulsión del goce alojado en ese
“fondo opaco”, en ese fondo de des-existencia, donde la violencia del neoliberalismo se
vuelve pura ignorancia para el propio sujeto. Para finalizar-iniciando, ¿podrá el
psicoanálisis, a través de la problemática del goce, abrirnos un diálogo a las ciencias
sociales sobre cómo pensar estas nuevas violencias y nuevas subjetividades por fuera
del excluyente campo del sentido, en el terreno de los cuerpos que se desfondan?.


¹ Colectivo Juguetes Perdidos, La gorra coronada, Tinta Limón, 2017.
² Adilson, S., Poesis. Una construcción hacia el bien decir del síntoma, Consecuencias Revista Digital de Psicoanálisis, Arte y Pensamiento,
Nº 12, Mayo, 2014.
³ Intervención realizada con motivo de la Presentación del Libro de Jacques-Alain Miller, Los signos del goce, organizada por la Biblioteca
del Campo Freudiano de Madrid en el Cirulo de Bellas Artes el día 20 de marzo de 1999. http://wapol.org/ornicar/articles/alm0079.htm