Los cuerpos, sujetos a la corrupción que introduce el mercado

Ana Simonetti
AME EOL-AMP
Córdoba

Constatamos que la entrada en crisis de diversos significantes amos de la civilización
produjo impactos globales que llegaron a instalar el caos. Este revela que se ha
producido una desregulación, muchas veces incontrolable, a la que son conducidas las
sociedades a manos de la política. Nuestras comunidades de consumo parecen dar paso
al imperio de este nuevo rasgo: la corrupción. ¿En singular? Como rasgo relevante,
pero la diversidad de formas de practicarla, de ejercerla, la intensidad, sus alcances
(muchas veces impensados) nos desliza al plural.
¿Cuál sería el real en juego? Considero que la ambición, forma del deseo vehemente
que puede llevar al hablante a alcanzar metas en distintos campos, a veces puede contar
con un plus al cruzarse el individuo con el señuelo de acceder al poder. También puede
buscarlo. Su ambición bien puede ser esa: el poder. Pero, ¿basta él para desencadenar la
práctica corrupta desenfrenada? La voracidad singular podría ser su empuje que lo lleva
a saltar más allá de las convenciones sociales. Por cierto, se requiere de la flacidez de
las prohibiciones que acompañan a los ideales, lo que da paso al goce que impone la
creación de reglas nuevas asociadas a ese goce, reglas que homogenizan a un grupo o
colectivo en el que el poder hace encarnar un narcisismo frío en el ejecutor de cada acto
corrupto.
Un asunto que parece estar en su base es cómo, para que el exceso de corrupción se
ejerza por el poder político, es necesario el uso del control de las poblaciones y los
cuerpos. Podemos considerar que son necesarias diversas alianzas (una de ellas con la
biología) que tenemos a la mano para analizar con el mercado del medicamento y con la
transformación de los cuerpos. La biología ha entrado decididamente en el dominio de
los cuerpos. La técnica y el mercado se adelantan a cualquier indecisión humana; lo que
se presenta como respuesta a deseos de procreación, prolongación de la juventud, de la
vida, de salvación de los cuerpos, es un factor económico: cuánto obtiene el mercado
del capitalismo feroz en la globalidad de sus bioofertas. En sí mismo representa un
cinismo bajo el velo de humanismo.
Eso mismo revela cadenas de corrupción, muchas veces sofisticadas y transitorias, hasta
arrasar el respeto por las creencias religiosas, éticas, morales y más, arrasar la capacidad
de decisión de las personas con el imperio de una política opuesta al respeto por las
diferencias, asunto que el psicoanálisis sostiene fuertemente. Si bien es impensado para
la condición humana lo intachable, el colmo de la moral, lo incorrupto, y quizá
convenga para el que está en el poder, el goce de su imperfección. Cuando sectores de la
política hacen uso del poder con prácticas irrefrenables de corrupción, dejan al
individuo más inmerso en el individualismo de masa, sin más líder que el goce de los
cuerpos.
Este texto, elaborado en ocasión del Congreso de Río de la AMP (2016), retoma hoy el
sesgo de lo que más arriba consideré como el deseo de procreación atrapado por el
biomercado de la fertilización asistida, en sentido amplio.
En L Cotidiano 728, Francoise Anserment, responde a una invitación de J-A Miller e
interviene desde su posicionamiento como miembro del Comité Consultivo Nacional de
Ética de Francia, en relación con las demandas societarias de la procreación
médicamente asistida.
Un instrumento, uno, de las sociedades y los estados para la regulación de nuevos
procedimientos que el mercado, con el servicio de las nuevas tecnologías, puede usar
para reducir los efectos de alianzas que no cuidan a los ciudadanos, sino a los intereses
del capital.
A la vez, introduzco la pregunta de qué del psicoanalista, más allá de acompañar al que
viene a consultar a revelar su deseo en este punto, qué, cómo agrega un reverso que dé
batalla a los efectos devastadores del mercado.