EL MATERIALISMO DE LALENGUA

por Claudio Godoy
AP (EOL-AMP)
Buenos Aires

Para Lacan, la lingüística era una ciencia mal orientada, que se rectifica solo merced al esfuerzo de Roman Jakobson por introducir en su campo los problemas que plantea la poética1. Nos remite así al trabajo fundamental de 19602 en el que Jakobson pone en cuestión las teorías sobre el lenguaje que, haciendo de la ideación su centro, descartaba de la lingüística todo aquello que lo excediera, en particular los denominados efectos emotivos del discurso. Estos factores, considerados como secundarios, no podían ser descriptos ni categorizados de manera finita y absoluta. Según esta concepción la lingüística, para adquirir el estatuto de ciencia, debía expulsar de su campo los elementos perturbadores y construir, mediante la elucubración de saber de los lingüistas, su propio concepto del lenguaje.

Por el contrario, para Jakobson este debe abordarse en todas sus funciones, a las que ordena en un célebre cuadro. Una de ellas, la poética, patentiza la separación entre las palabras y las cosas. Muestra que aquellas no se atan a un referente seguro, sino que tejen, en la trama de las reiteraciones fónicas, las consonancias, asonancias y equívocos, cuyo impacto y valor evocativo desborda ampliamente los significados de las palabras cristalizados por el uso. Esta función, que el arte poético explota, está sin embargo siempre presente, junto a las otras, en cada acto de lenguaje.

Todas estas características destacadas por Jakobson resultan cruciales en la experiencia analítica, pero esta revela algo más, ya que interroga las marcas constitutivas que el sujeto recibe por esta materia que lo parasita. Para trazar la radical diferencia con la lengua elucubrada por los lingüistas, Lacan pasará -a partir del 2 de diciembre de 19713– a escribirlo uniendo el artículo con el sustantivo lalangue ya que, como psicoanalista, se interesa en la lengua cuyas resonancias abonan todos los malentendidos, pues es en ella que se recibieron las primeras improntas por el modo en que se ha instilado un modo de hablar en cada uno. Es necesario situar, antes de la lengua como construcción colectiva, el modo en que un hablar singular resuena.

Los estoicos ya se percataron de que el lenguaje no interviene de un modo abstracto, sino que comienza en ese cruce entre las palabras y el cuerpo, anterior a cualquier sentido, que es el laleo (lallation en francés). Constataron cómo el niño, cuando comienza a articular los sonidos, encuentra una evidente satisfacción al jugar con ellos. Esa lengua que recibe de los parientes próximos lleva las huellas de sus goces y deseos. Podríamos decir que en el idioma de cada analizante están las marcas que dejaron en él los asuntos de familia, a partir de los cuales el neurótico hace novela.

A diferencia del lingüista, un psicoanalista está advertido que el parlêtre no tiene una recepción del lenguaje meramente formal y neutra. No incorpora sin consecuencias un código vaciado de goce. No existe esa asepsia que reclama la ciencia; lalengua lo impacta inevitablemente de manera traumática y obscena, ofreciendo la materialidad con la que el inconsciente labra sus formaciones. De ahí que Lacan lo caracterice, siguiendo la metáfora freudiana de la “otra escena”, como la obrescène, la obscenidad (obscenité) latente en la otra escena (autre scène) que anuda los parentescos4. Se distingue así del antropólogo, para quien se establece en función de las relaciones de alianza formales presentes en una determinada sociedad, ya que el parentesco está en lalengua, en el modo en que un analizante -en singular- habla de y es hablado por su familia, en tanto se considera un resultado de ella.

Podemos concluir que la perspectiva que introduce el psicoanálisis respecto a la lengua difiere a la del lingüista, porque no toma al lenguaje solo en su función comunicacional, sino que destaca el impacto del trauma que afecta al hablante. Sus elementos hacen un enjambre, no constituyen un conjunto, no hacen ningún todo. Los Unos de lalengua tampoco implican una unidad lingüística, permaneciendo indefinibles entre el fonema, la palabra o la frase. Partículas significantes encarnadas que nos presentan la auténtica materialidad del lenguaje y constituyen nuestro moterialismo5, término que condensa materialisme y mot (palabra). Cámara de resonancia, fuente de todos los equívocos, materia que invoca la interpretación psicoanalítica cuando hace sonar otra cosa que el sentido.


1 Cf. LACAN, J. (1977). “Hacia un significante nuevo”, en Lacaniana. Revista de psicoanálisis, EOL, 2018, Nro. 25, p. 17.
2 JAKOBSON, R. (1960). Lingüística y poética, en Ensayos de lingüística general, Barcelona, Seix Barral, 1981, pp. 347-395.
3 LACAN, J. (1971). Hablo a las paredes, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 23.
4 LACAN, J. (1977): “Hacia un significante nuevo”, op. cit., p. 16.
5 Cf. LACAN, J. (1975). Conferencia en Ginebra sobre el síntoma, en Intervenciones y textos 2, Buenos Aires, Manantial, 1988, p. 126.


Bibliografía

LACAN, J. (1977). “Hacia un significante nuevo”, en Lacaniana. Revista de psicoanálisis, EOL, 2018, Nro. 25.

JAKOBSON, R. (1960). Lingüística y poética, en Ensayos de lingüística general, Barcelona, Seix Barral, 1981.

LACAN, J. (1971). Hablo a las paredes, Buenos Aires, Paidós, 2012.

LACAN, J. (1975). Conferencia en Ginebra sobre el síntoma, en Intervenciones y textos 2, Buenos Aires, Manantial, 1988.